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Intenso: Vehemencia de los afectos del ánimo

22 septiembre, 2011

Intensas. Así han sido mis primeras semanas en Utrecht. No puedo calificar de otra manera 20 días que parecen 2 meses.

¿Resumen a grandes trazos de lo que he hecho?: Comprar. Mucho. Demasiado para lo que acostumbro y aún peor, para lo que soporta mi cartera. Es increíble la cantidad de necesidades que te generas, sobre todo cuando te das cuenta de que permanentemente piensas que sólo te estás haciendo con “lo básico”. Salir. Algo menos, pero esto nunca es demasiado. Y además, son estas cosas las que me voy a llevar. Reir. No tanto como me gustaría, que siempre es una cantidad que tiende a infinito, pero una vez más, intenso cuando ha sido. Andar en tren de Ámsterdam a Utrecht. Aunque aún he andado más en bici. Y conocer a gente. Mucha gente. De todo el mundo. Algún día también he pasado por la Universidad, pero sólo tengo dos días de clase (esto sí que es intenso).

Aunque esto ya os lo esperábais, y como sé que sois unos morbosillos, os voy a contar algo en detalle 😀

Estuve recorriendo los canales de Utrecht en canoa por la noche. Al principio no moló mucho: imaginad la típica alcantarilla de regato de España, sí hombre, esta que canalizamos bajo una carretera y en la que si hay agua de verdad apenas te cabe un palmo. Pues empezamos cruzando bajo algo así. Treinta metros. Tumbados sobre la canoa, impulsándonos con las manos sobre el techo del túnel, con un escorzo que ríete tu de PoZí y con la palabra ANGOSTO retumbando en la boca del estómago. Porque en la cabeza sólo tenía CLAUSTROFOBIA. Bueno, fueron treinta metros, y se acabaron. Y menos mal que no lo sabía al principio. Qué jodíos.

Esta foto no es mía, pero para hacerse una idea es aún mejor 😀

Luego, el paseo mereció realmente la pena. Desde que anochece andar por el canal es una pasada, con el agua tan tranquila y las casas dando al agua en la parte trasera con la misma naturalidad con que lo hacen a la calle por delante. La verdad que aquí los fotógrafos de boda lo deben tener realmente fácil. Porque, por alguna razón, la iluminación nocturna aquí es muchííííísimo menos agresiva que en España. Mi mente de científico social me empuja a pensar que como no reciben ese torrente de luz solar durante el día lo necesitan menos por la noche. Mi parte de economista me dice que sólo son más ratas, más listos, o que pasan más tiempo en casa. Pero estas cosas tan prosaicas se me quedan cortas. Será por eso que en todo el rato no dejé de pensar el inmenso negocio que tendrían los fotógrafos de bodas españoles aquí, en las orillas del canal al anochecer. Por mezclar lo prosaico con lo cursi, digo xD.

A los que vengáis a visitarme cuando no haga mucho frío, una experiencia que se puede repetir. Lo de remar por esa balsa de agua bajo la luz de la luna y nada más (y esto es tan grande como Móstoles), alternando las casitas con los edificios enormes modernísimos… es un pasote :-D.

De momento, por ahora, nada más. Dejo pendiente el viaje a Bruselas que hemos hecho Mafalda y yo esta semana. Una ciudad altamente recomendable salvo si sois chocoadictos.

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3 comentarios leave one →
  1. Lito permalink
    23 septiembre, 2011 17:22

    Un vinito o un whisky solo con hielo, la luz de la luna, a lomos de una canoa, en esas calles de casas de muñecas, Tom Waits y su “Downtown Train”, a espaldas una vida y una gente que te extraña, en el horizonte: cualquier sueño, una mochila dispuesta a llenarse de experiencias, una mochila que te acompañará siempre. Pareces Jose Luis Perales montando en un velero llamado Libertad, en vez de en una de esas canoas a ras de un puente de aguas turbulentas (que dirían Simon And Garfunkel). No sé si te envidio más, de lo que te echo de menos. Ambas son a gran escala.

    un abrazo de los que rompen costillas

  2. 23 septiembre, 2011 19:38

    Espero que me eches muchííísimo más de menos de lo que me envidias, que tiene que ser nada. Otro abrazo para tí, espero que te estés recuperando de tu también intenso verano, y que todo fuera lo mejor posible!!

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